CLASE 4: Comprendiendo las bases cerebrales de las emociones
Este es un cerebro típicamente humano, con un corte longitudinal. El esquema está simplificado, pero igualmente nos permite observar 3 subsistemas, que corresponden a 3 etapas en la formación cerebral.
En azul, se aprecia la estructura llamada “Cerebro primitivo”, justamente porque es la formación cerebral más antigua. Incluye al Tallo cerebral y al cerebelo, y se encarga de las funciones de subsistencia automáticas, es decir aquellas que realizamos sin necesidad de conciencia, sin necesidad de pensar en ellas y que son fundamentales para la vida, como la respiración, los latidos del corazón, la digestión, etc. Cualquier ser vivo con un sistema nervioso mínimamente desarrollado posee esta estructura.
En algún momento de la evolución fue surgiendo la siguiente estructura, que llamamos Sistema límbico, coloreada en rojo. Esta formación es propia de los mamíferos, y aporta la capacidad de sentir emociones y de responder emocionalmente. Se conforma por el Tálamo, el cuerpo calloso y la amígdala. Es por el surgimiento de esta estructura en los mamíferos que nos es más comprensible imaginar en ellos, y no en los reptiles, peces o insectos, la presencia de emociones.
Por último, se conforma la estructura que rodea a las formaciones anteriores y que le da su apariencia característica al cerebro. El neocórtex, o “nueva corteza” es propia y está especialmente desarrollada en los primates superiores. Aporta la capacidad de pensamiento reflexivo y razonamiento, planeamiento, uso de estrategias complejas, símbolos y lenguaje. En ningún organismo está tan desarrollado como en nosotros y es lo que nos hace propiamente humanos.
Ahora bien, el surgimiento del neocórtex y su consiguiente capacidad racional no inhabilita las funciones de las formaciones anteriores. Es por esto que justo a respuestas razonadas tenemos respuestas emocionales, ambas corresponden a sistemas distintos y tienen sus propias lógicas.
Las respuestas racionales son maravillosas en el sentido de que nos dan la posibilidad de analizar la información en profundidad, globalmente, y atendiendo a los detalles y a las relaciones entre unos elementos y otros. Esto posibilita una respuesta adecuada, efectiva, acorde a las necesidades de ese momento. Sin embargo, esta forma de procesamiento es lenta, llevándole al neocórtex varios segundos para emitir la orden de respuesta.
Para comprender mejor esto, veamos cuál es el sentido de la información: Cuando percibo algo, por ejemplo, una figura que se acerca, esa información viaja desde mi ojo, por las vías neurales hasta mi cerebro, impacta primero en el tálamo, y desde ahí se dirige al neocórtex, donde será procesada, interpretada y se elegirá una respuesta adecuada. Si se resuelve que esa figura es mi hermano, probablemente me aprontaré a saludarlo, abrazarlo y preguntarle cómo se encuentra. Si, por el contrario, noto que esa figura responde a un dogo que corre hacia mí fieramente, mi neocórtex empezará a sacar cuentas: el perro se encuentra ahora a 60 metros de mí, y parece correr a 40 km por hora. Yo, por mi parte, corro a tan solo 7 km por hora, y lo más sensato que podría hacer es trepar al árbol, que se encuentra a 12 metros de mi posición. Quizás sería más viable intentar la lucha, pero la fuerza de mordida del animal debe ser de…. ¿No resulta efectivo, cierto? No lo es. No puedo esperar tanto tiempo para reacción. El neocórtex es maravilloso, pero es lento. Afortunadamente, para casos como este, contamos con el sistema límbico, que procesa la información muy superficialmente pero me da una respuesta factible en milisegundos. Ya estoy corriendo a todo lo que da para alejarme del perro, y con eso salvo el pellejo. Antes siquiera de que la información hubiera sido analizada racionalmente, la emoción ya había copado mis posibles respuestas, ya mi corazón latía fuertemente, y mis músculos estaban tensos.
Lo difícil, en todo caso, es lograr que nuestro cerebro determine adecuadamente cuándo es mejor responder emocional o racionalmente. Es probable que en algunas situaciones, hayamos interpretado algo como un ataque, y hayamos respondido emocionalmente, como si mi vida estuviese en peligro. La cuestión es que la sociedad y sus complejidades cambiaron mucho y muy rápidamente en las últimos milenios, sin embargo, la estructura cerebral y por lo tanto su funcionamiento se mantienen sin grandes cambios desde hace millones de años. Es este desfasaje el responsable de que en situaciones sociales, respondamos como cavernícolas. Esto tiene que ver con lo que Daniel Goleman llama “un rapto por la amígdala”: la amígdala, que como dijimos, pertenece al sistema límbico, al registrar un posible peligro, acapara toda la energía del cerebro para responder con una reacción emocional, y obtura el pensamiento racional. Es por esto que muchas veces el miedo o el enojo pueden “cegarnos”.
ACTIVIDAD 4:
¿Recuerda alguna situación en que reaccionó de manera emocional, y cuando pudo pensar sobre su reacción se dio cuenta que había sido desproporcionada? ¿Cómo fue la situación? ¿Por qué cree que le pasó esto? ¿Cómo se relaciona con lo que explica el texto?

Desde muy chica, fue difícil exteriorizar mis emociones, madre de carácter muy fuerte, y un padre callado que trabajaba todo el día
ResponderEliminarEso fue moldeando mi carácter hasta que fui madre y todo cambió, la situación puntual, fue con mi suegra, que aprovechaba cada oportunidad para maltratarme, es así que en ausencia de mi esposo, vino hasta mi casa no se que le pasaba pero comenzó con todo el maltrato tenia a mi bebe a upa y me agarro del brazo como para pegarme, no dude en defender a mi hijo, y me salio la furia guardada, la agarre de la muñeca tan fuerte como pude y la empuje al piso con todas mis fuerzas, era una mujer mayor y corpulenta, cayó al piso con todo, aproveche esto y le di de golpes sin medir nada, mientras mi hijo estaba en la cama, sus gritos alertaron a mis cuñadas que me sacaron de arriba de ella, tanta furia tenía encima que según dicen las dos también fueron víctimas de mis golpes...
Tarde en en reaccionar de que algo malo estaba pasando.. no se, no me arrepiento de haberla golpeado y a mis cuñadas tampoco aguante casi 2 años el maltrato y las humillaciones, las burlas y todo lo demás, llege a un punto que ya no podía aguantar..
No se que fue lo que me hizo reaccionar de una manera tan brutal creo que mis emociones se desbordaron, la tristeza, la angustia, el enojo dio paso a la ira..
Siempre digo que una madre por defender a sus hijos es capaz de todo hasta matar..
Todo es culpa de las emociones que se desbordan creo yo..si volvería a hacerlo??? Pues si es por defender a mis hijos, claro que si!!! Mil veces!!!!